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<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0"><channel><atom:link href="https://odiseas.blogia.com/feed.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><title>odiseas</title><description>Existir es un acto no elegido. Ser consciente de ello es una odisea.</description><link>https://odiseas.blogia.com</link><language>es</language><lastBuildDate>Sun, 10 Dec 2023 12:02:20 +0000</lastBuildDate><generator>Blogia</generator><item><title>Ya no hay nada que salvar.</title><link>https://odiseas.blogia.com/2008/032401-ya-no-hay-nada-que-salvar-.php</link><guid isPermaLink="true">https://odiseas.blogia.com/2008/032401-ya-no-hay-nada-que-salvar-.php</guid><description><![CDATA[<p>&nbsp;&nbsp; Es dif&iacute;cil darse cuenta de que somos est&uacute;pidos. No me incluyo en el colectivo para intentar no ofender. Me incluyo porque lo dif&iacute;cil no es darse cuenta de que todos los dem&aacute;s sois est&uacute;pidos. Lo dif&iacute;cil es darse cuenta de que uno mismo lo es. Nuestro subconsciente, nuestro alter ego, o nuestro amor propio, o cualquiera que sea esa parte en nuestro cerebro que nos proh&iacute;be pensar que no valemos nada, tampoco nos permite darnos cuenta que, aunque sabemos que somos diferentes, somos parte de las mismas mol&eacute;culas que se menean, del mismo sistema, del mismo colectivo, de la misma gente que odiamos. Porque nosotros conocemos nuestros motivos, nuestras razones, nuestros deseos y nuestras inquietudes. Recordamos todas esas veces que hicimos el bien, y todo lo que tuvimos que aguantar. Para algunos, sus actos menos honrosos, pueden estar guiados por la revancha, por la venganza, aunque para ellos se llama justicia. Es como estar en un atasco, pero tienes prisa porque alguien te espera. Tu novia te est&aacute; esperando para ir al cine y has salido con el tiempo justo. Maldita sea, no se quitan de en medio. Empieza un claxon, luego otro. El primero se calla y se queda el segundo. Luego silencio. Empieza el primero con un ritmo un poco m&aacute;s fren&eacute;tico ya, y el segundo vuelve a secundarle con el mismo prolongado piiiiiiiiiiiiiiiii. Pero ahora se unen el tercero y el cuarto. Pasan 20 minutos y tras situar el m&oacute;vil por dentro y por fuera de la ventanilla, tras haberlo apagado y vuelto a encender; no hay remedio. No hay cobertura. Se te pasan por la cabeza fragmentos de pel&iacute;culas o teleseries donde, el polic&iacute;a rebelde y modelo, el ejecutivo del descapotable o el enamorado galante con vaqueros, se suben sobre los coches con la pistola, el ramo de rosas o la alianza en su cajita cerrada por un lazo rojo, mientras el resto de conductores se queda con la boca abierta y los ojos echando chispas pero no salen de su veh&iacute;culo o s&oacute;lo lo hacen para llamar al starring &iexcl;gilipollas!. No, en este caso, piensas, lo m&aacute;s probable es que alguien saliese del coche y te apuntase la matr&iacute;cula. Y en el juzgado de guardia te iba a tocar pagar reparaciones en chapa y, si tienes mala suerte, alg&uacute;n esguince cervical por el susto que le diste a aquella se&ntilde;ora. En fin, que pasan tres cuartos de hora y finalmente sales del atasco. Cuando llegas por fin, tu novia se ha ido. Ahora, que ya tienes cobertura, la llamas, pero mientras marcas, te paras a pensar en qu&eacute; vas a decirle. Entonces cuelgas. Y piensas. Tienes que inventarte una excusa, no hay m&aacute;s remedio. Si le dices que sientes haber llegado tarde, pero es que hab&iacute;a un atasco... malo. Mucho tr&aacute;fico... peor todav&iacute;a. Piensas algunas causas hipot&eacute;ticas de causa mayor, pero... las buenas requieren demostraci&oacute;n. O puedes contarle algo muy malo sobre ti, como que te est&aacute;s viendo con otra t&iacute;a. Eso se lo traga seguro. Lo sabes. Y desde luego, ya no le va a importar el retraso. Al menos el del coche. No... finalmente decides contarle la verdad, que ya has visto suficiente para saber que la mentira tiene fecha de caducidad, sobre todo porque, como dijo aqu&eacute;l: la verdad es m&aacute;s f&aacute;cil de recordar. As&iacute; que la llamas, pero no descuelga el tel&eacute;fono. Descuelga a la vig&eacute;sima llamada mientras intentabas descubrir si iba o no a apagar el m&oacute;vil. Empieza con el primer apelativo a la fauna (cerdo), y empiezas a contarle la historia. Sigue con una serie de apelativos (gusano, macho cabr&iacute;o...) y termina hablando de excrementos y de &aacute;rboles geneal&oacute;gicos. Pero por eso la quieres, &iquest;no? En fin, que no importa lo que haya pasado porque ella no estaba all&iacute;. No importa que le describas los coches o tu peripecia sobre los cap&oacute;s de los mismos (ahora entiendes que tal vez el juzgado de guardia s&iacute; pudiera haber tenido una compensaci&oacute;n). Pero no es as&iacute;. Ya se ha encendido la mecha, y el tiempo sigue contando. Salen trapos sucios de la &uacute;ltima discusi&oacute;n, y de la anterior. Probablemente &eacute;sta vaya a ser el resumen de los trapos sucios que saldr&aacute;n en la pr&oacute;xima, adem&aacute;s de dejarla colgada una hora en la parada del bus. Entonces, como t&uacute; sabes que no eres esa persona que ella menciona cada vez con un tono de odio m&aacute;s venenoso en las palabras que escupe, se te hinchan los huevos y empiezas a responder, a equilibrar la balanza de trapos sucios, y como otras veces, acabais compitiendo a ver qui&eacute;n cuelga antes. Es importante, porque luego sienta las bases de ese principio moral cultural difuso sobre qui&eacute;n debe llamar antes. Y a veces no llama nadie. Pero aqu&iacute; es donde quer&iacute;a llegar. Todo hubiera sido distinto si ella tambi&eacute;n estuviese en el coche. Si el atasco hubiera sido en el tramo previo al cine. Ella habr&iacute;a adorado tu forma de tranquilizarla, o tu explicaci&oacute;n sobre la diferencia entre los juicios de las pel&iacute;culas americanas y los juicios reales, dejando claro tus intenciones de patear la chapa de esos est&uacute;pidos conciudadanos. A lo mejor, incluso te ganabas una mamada de espera. Depende de la anchura de los carriles, la iluminaci&oacute;n ambiental y por supuesto las idiosincrasias de tu novia. Por eso debemos conducir los t&iacute;os.</p><p>&nbsp;&nbsp; Bien, todo esto explica porqu&eacute; no podemos pensar que nosotros tenemos la culpa. Pero a veces lo pensamos. A veces rebasamos lo que conocemos, vamos m&aacute;s all&aacute; de explicaciones creadas para nuestra historia y analizamos los hechos: llegar tarde, discutir, ruptura. O tambi&eacute;n: llegar tarde, elegir otra pel&iacute;cula, ruptura. Incluso a veces, sabemos que tenemos la culpa o incluso creemos tenerla aunque no sea as&iacute;. Dejemos aparte que todo es muy relativo y que la culpa, como concepto abstracto que es, es susceptible de las circunstancias y de nuestra propia estupidez. La culpa de andar por casa, as&iacute;, macrosc&oacute;pica y coloquialmente, la tiene la persona que posee la causa del acontecimiento negativo sucedido. Y s&iacute;, todo es parte del Todo, todos somos parte de un sistema con un desarrollo unilateral y unas consecuencias o devenir com&uacute;n. Entonces es cuando nos damos cuenta de que somos est&uacute;pidos.</p><p>S&iacute;, vosotros tambi&eacute;n.</p>]]></description><pubDate>Mon, 24 Mar 2008 22:29:00 +0000</pubDate></item><item><title>El camino de la felicidad</title><link>https://odiseas.blogia.com/2007/061001-el-camino-de-la-felicidad.php</link><guid isPermaLink="true">https://odiseas.blogia.com/2007/061001-el-camino-de-la-felicidad.php</guid><description><![CDATA[<p>La quiero. Pero no quiere que escriba sobre ello.</p><p>Sin embargo, es la raz&oacute;n por la que escribo, es la causa y por tanto he de decirlo para que tenga sentido. Es como cuando analizamos la obra de un autor, si no conocemos las circunstancias del autor, el an&aacute;lisis es incompleto y a veces no tiene el mismo significado. Recordemos que lo que pensamos, tras expresarlo con palabras sufre una p&eacute;rdida de exactitud y de profundidad de emociones; y tras ser le&iacute;do, el lector lo convierte y lo traduce a sus propios pensamientos y de ahi surgen emociones a veces radicalmente diferentes. As&iacute; que, por el bien de la verdad, esta peque&ntilde;a introducci&oacute;n, no a modo de justificaci&oacute;n sino de aclaraci&oacute;n, me ratifico, era necesaria.</p><p>Creo que he encontrado el camino de la felicidad. Como ya he dicho otras veces, el mismo fen&oacute;meno, las mismas circunstancias pueden producir emociones contrarias en diferentes personas e incluso en la misma. Una fiesta puede ser horrible si la experimentamos con un punto de vista negativo, ya sea por una causa real o no. Encontrarnos un gusano en una manzana puede ser asqueroso para nosotros pero no para un ni&ntilde;o somal&iacute; hambriento (que se comer&aacute; la manzana igualmente). Por tanto nuestra felicidad, y la causa de nuestras emociones est&aacute; m&aacute;s en el modo con que vemos el mundo que directamente con el mundo. De hecho la realidad, el mundo, es independiente para cada uno de nosotros. El conjunto de cosas que hemos visto, o&iacute;do, aprendido... experimentado; y c&oacute;mo las hemos interrelacionado, las conclusiones que hemos sacado sobre todo ello, es nuestro mundo, y s&oacute;lo podemos ver ese mundo.</p><p>En otra l&iacute;nea de pensamiento, nuestro cerebro, que es el responsable de nuestros pensamientos y emociones tiene un funcionamiento concreto, bastante predecible y moldeable. Las neuronas son como encrucijadas de caminos por los que en lugar de&nbsp;caminantes pasan impulsos el&eacute;ctricos. Dependiendo de los destinos a los que lleguen estos viajeros se&nbsp;mover&aacute; un dedo, se cerrar&aacute; los ojos o se&nbsp;recordar&aacute; o se pensar&aacute; algo en concreto. Lo m&aacute;s importante&nbsp;de este hecho es que aquellos caminos m&aacute;s transitados se hacen m&aacute;s fuertes, o m&aacute;s probables. Las dendritas m&aacute;s usadas de cada neurona se van fortaleciendo de forma que cuando reciben un impulso el&eacute;ctrico de entrada, su salida ser&aacute; aqu&eacute;lla m&aacute;s fortalecida primero. Digamos que el caminante cuando llega a la encrucijada, obvia los caminos m&aacute;s dif&iacute;ciles, las sendas menos transitadas, donde ya apenas se vislumbra el suelo, cubierto de hierba ya alta y con destino incierto; y decide coger aqu&eacute;l que est&aacute; ensanchado con el uso, con huellas de pisadas recientes prueba de que&nbsp;en ese destino hay algo de valor para nosotros.<br />En la pr&aacute;ctica, lo que ocurre es que a base de practicar fortalecemos los caminos que usamos mientras practicamos hasta que el subconsciente lo hace por nosotros, es decir, se activan las neuronas iniciales y ellas solas encuentran los destinos m&aacute;s probables, aquellos m&aacute;s fortalecidos. A veces conducimos mientras mantenemos una conversaci&oacute;n con nuestro acompa&ntilde;ante, realizando inconscientemente millones de operaciones que, por costumbre, se han implantado en nuestro cerebro.&nbsp;Y es que cuando hablamos, no pensamos en c&oacute;mo&nbsp;articular las s&iacute;labas, en c&oacute;mo modular la voz, sino que estamos&nbsp;pensando en los conceptos que queremos transmitir y nuestro subconsciente hace el resto. Y eso mientras conducimos. Todav&iacute;a recordamos que, cuando aprendimos a conducir, ten&iacute;amos que concentrarnos en todas las operaciones que ten&iacute;amos que realizar: los pedales, el volante, las se&ntilde;ales, la carretera... pero poco a poco, con la pr&aacute;ctica, todo eso se automatiza, nuestros impulsos pasan una y otra vez por los mismos caminos neuronales y forman&nbsp;nuestros actos y nuestros pensamientos.</p><p>Estos dos hechos convergen en un punto interesante, o al menos pr&aacute;ctico, y es que si podemos mecanizar de alg&uacute;n modo este proceso, digamos, practicar los pensamientos "felices", se reforzar&aacute;n esos enlaces neuronales y de modo subconsciente seremos m&aacute;s felices. Esto lo llevan pregonando desde hace d&eacute;cadas los libros de&nbsp;psicolog&iacute;a cognitiva, pero el asunto podr&iacute;a estar realmente ahi. De hechos, &eacute;stos, y otros libros de la secci&oacute;n de bestsellers conocidos como "autoayuda" se centran en ejercicios y t&eacute;cnicas que promueven este mecanismo. A veces, escuchando una canci&oacute;n, tenemos sensaciones agradables o inquietantes porque nuestro sistema neuronal las relaciona con alg&uacute;n momento que para nostros fue agradable o inquietante. El verdadero problema est&aacute; en el control que podamos tener sobre este proceso. Es f&aacute;cil pasarnos horas, d&iacute;as y semanas&nbsp;aprendiendo a tocar la guitarra, pensando c&oacute;mo situar el dedo ahi y este otro all&aacute;, hasta que lo hacemos de forma subconsciente. Tocamos, cantamos mientras observamos a la persona que escucha y sacamos conclusiones. Sin embargo, en el mismo ejemplo anterior, podemos escuchar una canci&oacute;n que nos recuerde a una persona. Y esos recuerdos lleva a otros. Si son buenos recuerdos, siempre podemos sentir nostalgia porque se han ido. Y si son malos recuerdos pueden reproducir en nostros los mismos sentimientos que nos abordaron entonces. Y esa elecci&oacute;n tambi&eacute;n es subconsciente. La elecci&oacute;n de qu&eacute; camino tomar est&aacute; escrito en nuestras neuronas y el &uacute;nico modo de no elegir&nbsp;los pensamientos&nbsp;y sentimientos tr&aacute;gicos&nbsp;es no practicarlos... de alg&uacute;n modo. Es posible que el alcohol sea &uacute;til, o las drogas. La destrucci&oacute;n de los enlaces neuronales. Olvidar... O intentar reproducir los buenos momentos. Buscar a las personas y las circunstancias externas que nos hacen sentir as&iacute;. Y luego reproducirlo. Para nosotros solos. En cinemascope.</p><p>&nbsp;</p><p>Quiero estar con ella.</p>]]></description><pubDate>Sun, 10 Jun 2007 22:09:00 +0000</pubDate></item><item><title>El fin del mundo.</title><link>https://odiseas.blogia.com/2006/060901-el-fin-del-mundo-.php</link><guid isPermaLink="true">https://odiseas.blogia.com/2006/060901-el-fin-del-mundo-.php</guid><description><![CDATA[<p>&nbsp;&nbsp; Me pregunto qu&eacute; pasar&iacute;a realmente si, de pronto, nos anuncian el fin del mundo, o&nbsp;una amenaza real lo suficientemente grave como para que el futuro inmediato de la vida en la tierra&nbsp;sea dudoso. Algo como un asteroide&nbsp;de unos pocos kil&oacute;metros de di&aacute;metro cuya trayectoria se cruza con la de nuestro planeta.&nbsp;&iquest;C&oacute;mo nos lo tomar&iacute;amos realmente? Para la cultura occidental agn&oacute;stica&nbsp;y atea, cuya&nbsp;fe (lejos de no existir)&nbsp;se basa en la publicidad y el consumo,&nbsp;y cuyos pastores y sacerdotes&nbsp;son nuestros receptores de televisi&oacute;n, &iquest;c&oacute;mo encajar&iacute;amos la noticia? De pronto,&nbsp;el noticiero&nbsp;resuena en los altavoces de nuestros transistores, de nuestros televisores: "Un meteorito ha sido localizado por los astr&oacute;nomos del Monte Palomar, y seg&uacute;n sus informes su trayectoria pasa por la de&nbsp;nuestro planeta de forma que colisionar&aacute; con &eacute;l en el plazo de una semana. Se trata, seg&uacute;n fuentes de la NASA, de un destructor total, un asteroide de&nbsp;treinta kil&oacute;metros de di&aacute;metro movi&eacute;ndose a muchos miles de kil&oacute;metros por hora hacia nosotros. Su impacto se estima que ser&aacute; equivalente a varios cientos de bombas at&oacute;micas como la que impact&oacute; en Hiroshima".</p><p>&nbsp;&nbsp; Como ocurri&oacute; con el atentado a las torres&nbsp;gemelas de Nueva York, mucha gente dejar&iacute;a su trabajo para escuchar la noticia, pero yo creo que &eacute;sta atraer&iacute;a la atenci&oacute;n de mucha menos gente. La mayor&iacute;a pensar&iacute;a que es&nbsp;una pel&iacute;cula o alg&uacute;n truco,&nbsp;ni siquiera comprender&iacute;an muy bien su significado, porque&nbsp;no tienen demasiado claro qu&eacute; es un asteroide, o un meteorito, les sonar&iacute;a tan real como marciano, hiperespacio o teletransp&oacute;rtame, Scotty.&nbsp;A mi abuela la noticia no le dir&iacute;a nada, al menos hasta que alguien "de confianza" le dijera algo as&iacute; como "vamos a morir todos". Claro que eso los abuelos ya lo saben,&nbsp;pero mi abuela, y otras muchas personas, no entender&iacute;an realmente el significado de esas palabras. Otros, curados de espantos, creer&iacute;an que se trata de alguna broma como aquella que protagoniz&oacute; Orson Wells en "La Guerra de los Mundos" en un ataque simulado de los alien&iacute;genas y transmitido por radio, lo que produjo, seg&uacute;n se cuenta, una huida de muchos oyentes de la ciudad, con sus familias, buscando protecci&oacute;n.&nbsp;O pensar&iacute;an que&nbsp;es parte de alg&uacute;n show sensacionalista. Incluso no faltar&iacute;an los que, versados en tales asuntos e incluso doctos en la materia, creer&iacute;an que se trata de un error period&iacute;stico o de un intento para lograr mayor audiencia. Pero entonces&nbsp;har&iacute;an zapping&nbsp;para comprobar que en todos los canales est&aacute;n hablando de lo mismo. Y entonces&nbsp;llamar&iacute;an por tel&eacute;fono.</p><p>&nbsp;&nbsp; Una vez digerido, los d&iacute;as siguientes a la noticia, apuesto mi culo a que mucha gente ir&iacute;a a trabajar de forma "normal". De hecho, los propios periodistas encargados de seguir el acontecimiento ver&iacute;an lo posibilidad de destacar en su trabajo. Porque estoy convencido de que "el fin del mundo" no es una noticia lo suficientemente importante como para detener la inercia de nuestra cultura pragm&aacute;tica, la vor&aacute;gime absurda de la rutina del consumo y la b&uacute;squeda del placer. Por supuesto habr&iacute;a alarmistas, y seguir&iacute;an siendo tildados de alarmistas por aquellos que en ese acto de etiquetar viesen la oportunidad de sacar alg&uacute;n provecho personal o econ&oacute;mico. Las grandes corporaciones har&iacute;an sus c&aacute;lculos, sus secretarias transcribir&iacute;an y se desarrollar&iacute;an estrategias econ&oacute;micas con respecto al acontecimiento. Algunos coger&iacute;an sus coches, lo llenar&iacute;an con sus pertenencias y se ir&iacute;an al lugar m&aacute;s alejado del supuesto "punto de impacto", que se masificar&iacute;a. Otros, pensando que todo es un ardid de los poderosos para que el verdadero punto de impacto no se masifique tomar&iacute;an decisiones opuestas. Habr&iacute;a gente cavando en sus s&oacute;tanos y la bolsa cerrar&iacute;a con m&iacute;nimos alarmantes, mientras los supermercados se quedar&iacute;an desiertos y muchos puestos de trabajo vacantes.</p><p>&nbsp;&nbsp; Algunos atracar&iacute;an tiendas y bancos. Otros se declarar&iacute;an a la mujer que ocupa su mente desde hace tanto tiempo. Y muchas de esas mujeres no los aceptar&aacute;n. Otras supongo que s&iacute;. Y desde luego habr&aacute; personas que no se hayan enterado a falta de un d&iacute;a del impacto. Muchos supondr&aacute;n, tranquilos que a los americanos se les ocurrir&aacute; algo, alg&uacute;n remedio, como en las pel&iacute;culas. Todos pensar&iacute;an (incluso los cient&iacute;ficos, por supuesto) en enviarle unos misiles nucleares. El &uacute;ltimo d&iacute;a ser&iacute;a desde luego el m&aacute;s fren&eacute;tico. Suicidios, asesinatos, accidentes. Muerte. Un d&iacute;a normal.</p>]]></description><pubDate>Fri, 09 Jun 2006 10:40:00 +0000</pubDate></item><item><title>Atrapado en un sue&#xF1;o turbio.</title><link>https://odiseas.blogia.com/2006/060701-atrapado-en-un-sueno-turbio-.php</link><guid isPermaLink="true">https://odiseas.blogia.com/2006/060701-atrapado-en-un-sueno-turbio-.php</guid><description><![CDATA[<p>&nbsp;&nbsp; En mitad de la noche una sensaci&oacute;n de n&aacute;usea me estremece. Mi est&oacute;mago se contrae a&uacute;n m&aacute;s de lo habitual y siento que estoy harto de todo, pero no como una frase hecha sino realmente <em>empachado </em>de la vida. Intento fumar un cigarrillo pero el humo es demasiado denso para mi sangre y el dolor de pecho y la sensaci&oacute;n de n&aacute;usea vuelven a invadirme. Bostezo&nbsp;varias veces y se reproduce la n&aacute;usea. Todo es nauseabundo sin motivo.&nbsp;Mientras tecleo, apago el cigarro casi entero dentro de una lata de refresco llena de colillas. Es extra&ntilde;o la forma que tiene el mundo de expandirse, la forma en que van cambiando las percepciones y las conclusiones de una persona a lo largo de su vida. Cuando uno es joven piensa m&aacute;s claramente. A los&nbsp;diez a&ntilde;os el cerebro empieza a tener demasiadas variables en la ecuaci&oacute;n y donde arrojamos luz sobre la sombra del desconocimiento, proyectamos m&aacute;s sombras sobre dudas que asoman detr&aacute;s. Porque cuando&nbsp;hab&iacute;a menos luz, ciertamente hab&iacute;a menos sombras.&nbsp;El espacio de las dudas y del miedo es infinito como el espacio sobre el que se sujetan las estrellas y los &aacute;tomos. El hueco del miedo es ineludible, y nuestra mente ha de rellenarlo de un modo u otro. Si nos acechan miedos reales, los fantasmas desaparecen, no tienen cabida en el hueco y todo va bien. Sin embargo, si no existen los miedos reales, los fantasmas vienen para quedarse, para rellenar el hueco del miedo, y contra los fantasmas de la cabeza no se puede luchar con armas reales. Nuestra medida del placer siempre est&aacute; regida por la medida del miedo y el deseo, por la magnitud del sufrimiento. Es un espacio perfectamente definido y delimitado, finito, concreto. Nuestra cabeza. Nuestra mente. Siempre cambiante. Todo cambia.</p><p>Nos debatimos en una dial&eacute;ctica eterna entre el aburrimiento y la ansiedad, entre el miedo y la paz, entre el deseo y la satisfacci&oacute;n. La b&uacute;squeda del placer, de la felicidad, es un camino extra&ntilde;o en el que a veces, aunque la direcci&oacute;n est&eacute; muy clara, no sabemos en qu&eacute; sentido avanzamos. O en qu&eacute; sentido retrocedemos. &iquest;En qu&eacute; punto del camino estamos? &iquest;C&oacute;mo ser optimistas cuando es m&aacute;s fuerte la sensaci&oacute;n de dolor que la de placer, la de deseo que la de satisfacci&oacute;n y la de miedo que la de&nbsp;paz? &iquest;Por qu&eacute; es m&aacute;s fuerte la lecci&oacute;n aprendida por las malas, por la violencia o por la necesidad? &iquest;Por qu&eacute; es m&aacute;s fuerte el sentimiento de derrota que el de victoria? &iquest;D&oacute;nde hemos aprendido eso? La naturaleza nos ha dotado de ciertos mecanismos para nuestra propia autoconservaci&oacute;n y la conservaci&oacute;n de la especie, pero esos mecanismos han sido apoyados en el dolor, en el miedo y en el sacrificio. En la necesidad y en el deseo.&nbsp;Muy pocas y&nbsp;ef&iacute;meras son las satisfacciones y los placeres, y siempre est&aacute;n medidas con respecto al sufrimiento previo. El orgasmo se define como un paso de un estado de gran excitaci&oacute;n a otro de calma. Como la risa. &iquest;Acaso no es cierto que el placer que sentimos al orinar cuando la necesidad es apremiante, siempre es proporcional a esa necesidad, a ese sacrificio? Es, de hecho, la sensaci&oacute;n de alivio lo que nos parece placentera, es el paso de una situaci&oacute;n de dolor, de necesidad, de deseo, a otra situaci&oacute;n neutra, pero que, en comparaci&oacute;n nos resulta placentera, sosegada y satisfactoria. Del mismo modo que el placer de la comida s&oacute;lo es realmente evidente cuando existe un deseo desmesurado. Cuanto mayor es el deseo, mayor la satisfacci&oacute;n. Y una vez la satisfacci&oacute;n se esfuma, nos deja vac&iacute;os y desorientados,&nbsp;y buscamos la forma de volver a sentir esa satisfacci&oacute;n o ese placer&nbsp;caminando en direcci&oacute;n opuesta al sufrimiento. Huyendo de &eacute;l creemos que encontraremos su opuesto. Tal vez estemos pagando con este pesimismo porque no necesitamos la esperanza. Tal vez paguemos con locura un estado mental autoimpuesto&nbsp;por nosotros mismos y los que nos rodean basado en el equilibrio, en lo <em>esperable</em>, en lo l&oacute;gico. Tal vez paguemos con depresi&oacute;n y falta de objetivos por la comodidad y la complecencia que nos rodea. </p><p>Pero es seguro que nuestro sufrimieto, nuestro miedo,&nbsp;deseo y necesidad son la medida de nuestra vida.&nbsp;</p>]]></description><pubDate>Wed, 07 Jun 2006 06:14:00 +0000</pubDate></item><item><title>Ahora que vamos despacio, vamos a contar mentiras.</title><link>https://odiseas.blogia.com/2006/051901-ahora-que-vamos-despacio-vamos-a-contar-mentiras-.php</link><guid isPermaLink="true">https://odiseas.blogia.com/2006/051901-ahora-que-vamos-despacio-vamos-a-contar-mentiras-.php</guid><description><![CDATA[<p>&nbsp;&nbsp; Verdad y mentira son t&eacute;rminos que utilizamos todos los d&iacute;as. Hemos desarrollado incluso una "escala de verdades y mentiras": verdad de la buena, te lo juro por dios, menuda trola, mientes m&aacute;s que hablas, puede ser cierto... Pero al final todo son opiniones.</p><p>&nbsp;&nbsp; Podr&iacute;a derrochar tiempo y palabras intentando encontrar una definici&oacute;n de "verdad" (no "de verdad") pero alguien m&aacute;s inteligente que yo&nbsp;lo hizo en su momento, y la llam&oacute; "opini&oacute;n &uacute;til". Desde un punto de vista individual, verdad es todo lo que dicho individuo "cree" que es verdad, pero "saber" la verdad es absurdo, como ya plante&oacute; hace milenios S&oacute;crates. La verdad universal est&aacute; ahi, pero un individuo (o un conjunto de individuos, por grande que sea) no puede conocerla. Descartes intent&oacute; encontrar una verdad fuera del individuo, una verdad inapelable, indiscutible.&nbsp;Y fracas&oacute;. Su habilidad para&nbsp;imaginar obst&aacute;culos para dilucidar esta verdad fueron mayores que su habilidad para encontrarla, y despu&eacute;s de&nbsp;admitir que "todo conocimiento sensorial est&aacute; sujeto a error", que "es posible que alguien o algo&nbsp;est&eacute; creando,&nbsp;falseando y/o modificando mis percepciones",&nbsp;y que "todo puede ser producto de mi imaginaci&oacute;n", se atreve a expresar la famosa (y pueril) frase: "pienso, luego existo". &iquest;Por qu&eacute;?<br />&nbsp;&nbsp; Porque Ren&eacute;&nbsp;era incapaz de&nbsp;pensar que &eacute;l, pensador genial, no pod&iacute;a encontrar la soluci&oacute;n, y en un&nbsp;arrebato de estupidez sentenci&oacute;: "dos m&aacute;s dos son cuatro". Pero las matem&aacute;ticas de Ren&eacute;&nbsp;eran tan poco aplicables a la naturaleza, a la realidad universal, como lo siguen siendo hoy en d&iacute;a. La matem&aacute;tica no pertenece a la naturaleza, no es inmanente a ella. Es un truco, como la l&oacute;gica, pues l&oacute;gico y verdad son opiniones &uacute;tiles en casos discretos. Hablo, luego existo. Como, respiro, defeco, luego existo. Pero tal vez pienso porque el esp&iacute;ritu maligno piensa por m&iacute;, o tal vez sue&ntilde;o que "pienso, luego existo". Al fin y al cabo, y ya desde un punto de vista m&aacute;s&nbsp;de acuerdo&nbsp;con la ciencia moderna, existir es algo muy relativo. Las part&iacute;culas de las que estamos compuestos se transforman y&nbsp;cambian trillones de veces por segundo, y el presunto equilibrio al que estamos acostumbrados, la presunta rutina, es s&oacute;lo una ilusi&oacute;n macrosc&oacute;pica, una opini&oacute;n &uacute;til. El punto de vista humano, a escala humana, con los formalismos, las convenciones y las circunstancias individuales de cada verdad, de cada opini&oacute;n, est&aacute;n irremediablemente sujetos a tal perspectiva humana. Un ser humano no puede pensar como un gato o como una monta&ntilde;a, porque el ser humano no es gato ni monta&ntilde;a. Por tanto conocer tan s&oacute;lo una verdad universal es absolutamente imposible, pues el ser humano jam&aacute;s poseer&aacute; una perspectiva universal de ning&uacute;n hecho concreto, por trivial que sea.</p><p>&nbsp;&nbsp; Quedando claro entonces el futil intento de Descartes de encontrar una verdad universal, y de c&oacute;mo consigui&oacute; enga&ntilde;ar a muchos de sus contempor&aacute;neos con un juego de palabras, lo cierto es que todav&iacute;a no nos hemos dado cuenta de qu&eacute; negro est&aacute; todo a nuestro alrededor.&nbsp;Nadamos en unas aguas oscuras de un pantano turbio en una noche sin luna, o m&aacute;s bien, vivimos en un mundo de marionetas creadas por&nbsp;nosotros mismos, con&nbsp;nuestras leyes y&nbsp;nuestros m&eacute;todos, y los m&aacute;s presuntuosos somos incapaces de ver&nbsp;nuestros propios miembros tirados por cuerdas que se pierden en la noche.<br />&nbsp;&nbsp; Lo que vemos, no es lo que parece. Lo que parece que vemos no&nbsp;podemos asimilarlo ni analizarlo m&aacute;s que con opiniones subjetivas absurdas. La l&oacute;gica que aplicamos en dicho an&aacute;lisis no tiene nada de l&oacute;gica, pero... hablemos de la l&oacute;gica un momento. Cuando la l&oacute;gica se separa de las matem&aacute;ticas, deja de ser exacta (verdadera), y su aplicaci&oacute;n es subjetiva e individual. La l&oacute;gica nos dice que si A es igual a B, y B es igual a C, entonces A es igual a C. No nos importan las circunstancias, ni las perspectivas, ni las opiniones. Es l&oacute;gica matem&aacute;tica. En la naturaleza, sin embargo no podemos saltar sobre el verbo "ser" de esa manera, y adem&aacute;s A nunca es igual a B. No existen dos part&iacute;culas id&eacute;nticas en el universo ya que de ser as&iacute; ocupar&iacute;an el mismo lugar y el mismo momento y ser&iacute;an la misma part&iacute;cula. Entonces ser&iacute;a absurdo llamarle a la misma cosa A y B. En la naturaleza A, B y C son la misma cosa, por tanto B y C son marionetas. Inventos.<br />&nbsp;&nbsp; Pero "l&oacute;gico" pueden ser muchos razonamientos. Algo l&oacute;gico es algo individual, circunstancial y evidentemente falso. Por ejemplo: un hombre sale de su casa y mira el suelo mojado. Piensa que, l&oacute;gicamente ha llovido. Sin embargo observa que su vecino est&aacute; lavando el coche y que, m&aacute;s all&aacute; el suelo est&aacute; seco por todas partes. Esa "l&oacute;gica", lejos de ser matem&aacute;tica, es una opini&oacute;n &uacute;til, que nos sirve a veces para conocer cosas que no percibimos con los sentidos (sujetos a error). Pero es que esas cosas que nos permite conocer esa l&oacute;gica absurda (justa contradicci&oacute;n), son s&oacute;lo conceptos individuales que no tienen nada que ver con ninguna "verdad universal". As&iacute; una manzana es un apple para ciertos individuos, es plana para ciertos animales y hogares para otros, es m&aacute;s grande para un ni&ntilde;o y m&aacute;s peque&ntilde;a para un jugador de baloncesto, es roja en mi mente pero tal vez es verde en la tuya. Nos puede recordar una fragancia agradable o un cuento fabuloso, pero ni siquiera la misma manzana observada por dos individuos en el mismo momento es la misma cosa. Para uno puede ser un conjunto de &aacute;tomos m&aacute;s densos que el aire que la rodea, y para otro puede ser la diferencia entre comer algo hoy o no comer nada. Ni siquiera para el mismo individuo es "la misma manzana", pues a cada milisegundo que pasa mientras la observa, su mente va reaccionando de forma diferente... y aqu&iacute; es donde aparecen los hilos de la marioneta. Pero esto se merece un p&aacute;rrafo aparte.</p><p>&nbsp;&nbsp; Las leyes de la f&iacute;sica, de la naturaleza, son inamovibles. Con nuestras herramientas y nuestros m&eacute;todos modernos podemos preveer qu&eacute; va a ocurrir a niveles macrosc&oacute;picos. Cuando encendemos cualquier aparato electr&oacute;nico, el ordenador, por ejemplo, se repiten billones de operaciones que dan un resultado macrosc&oacute;pico id&eacute;ntico. En la realidad, cada condensador cargado no tiene "exactamente" la misma carga que ayer, ni que hace un segundo. No tiene el mismo n&uacute;mero de electrones pululando en el interior de sus conductores y por supuesto no son siempre los mismos electrones. Pero las variaciones de esto no son lo suficientemente grandes como para que el sistema falle, para que haya una variaci&oacute;n macrosc&oacute;pica. Es decir, podemos poner en una balanza que mide toneladas veinte&nbsp;toneladas de az&uacute;car. Si mientras medimos, retiramos un grano de az&uacute;car, la probabilidad de que el valor medido var&iacute;e es infinitesimal. Sin embargo si estamos pesando tres sand&iacute;as en una b&aacute;scula que mide gramos y retiramos una sand&iacute;a, s&iacute; vamos a "notar" una variaci&oacute;n macrosc&oacute;pica. El ser humano, no importa cu&aacute;nto tiempo siga existiendo como especie, ni ninguna otra especie alien&iacute;gena por desarrollada y "evolucionada"&nbsp;que est&eacute;, podr&aacute; jam&aacute;s conocer los entresijos de la f&iacute;sica con total exactitud, y aunque as&iacute; fuera, no podr&iacute;a aplicarlo para conocer todo lo que va a ocurrir. La famosa frase "&iquest;en qu&eacute; variar&aacute; el clima aqu&iacute; el hecho de que una mariposa bata las alas al otro lado del mundo?" describe a la perfecci&oacute;n el problema. La mariposa es parte del sistema, y aunque su batir de alas sea una variaci&oacute;n imperceptible macrosc&oacute;picamente, al formar parte de todo lo dem&aacute;s, al estar irrevocablemente ligado al resto del sistema,&nbsp;tiene que tener un efecto, por peque&ntilde;o que sea. Este efecto puede ser la diferencia entre las veinte toneladas de az&uacute;car y las diecinueve que dejamos en la b&aacute;scula al retirar un grano, y por tanto la mariposa volando en Australia&nbsp;puede originar un cicl&oacute;n aqu&iacute;. La gota que colma el vaso existe, y con infinitos vasos llen&aacute;ndose de gotas, la probabilidad de que se colmen los vasos es total. Las "casualidades" pasan continuamente, son fen&oacute;menos poco probables, pero posibles, y en un universo entr&oacute;pico&nbsp;podremos asisitr a todas las casualidades con el tiempo suficiente, con las "combinaciones" suficientes. Sacar&nbsp;cinco dados iguales en una tirada es poco probable, pero yo he visto sacar diez dados iguales en una sola tirada, probablemente por &uacute;nica vez en mi vida. Pero esa es otra cuesti&oacute;n.</p><p>&nbsp;&nbsp; Hasta aqu&iacute; hemos adoptado&nbsp;dos premisas: La primera nos indica la imposibilidad de conocer el universo o cualquier fen&oacute;meno por peque&ntilde;o que sea del mismo, avalado por la f&iacute;sica&nbsp;por medio de&nbsp;la ley de incertidumbre de Heissemberg que, como idea intuitiva, demuestra que el observador&nbsp;modifica el sistema observado con la acci&oacute;n misma&nbsp;de observar, y que es imposible tener en cuenta dicha acci&oacute;n o sus consecuencias por ser un an&aacute;lisis infinitamente recursivo. La segunda premisa es que las leyes de la f&iacute;sica son invariables y que va a ocurrir siempre lo que "tiene que ocurrir" por ser inamovibles dichas leyes. A nivel humano (o macrosc&oacute;picamente, como vengo utilizando), podemos observar que esto se cumple siempre, y cuando no ocurre es por alguna raz&oacute;n desconocida pero no inexistente. Tenemos un ejemplo en el ordenador, que al encenderlo, repite invariablemente trillones de&nbsp;fen&oacute;menos f&iacute;sicos intercomunicados&nbsp;que dan el mismo resultado macrosc&oacute;pico. De hecho, y &eacute;sta fue la primera vez que lo pens&eacute; seriamente, ten&iacute;a un videojuego en el que pod&iacute;a conducir un coche con una realidad simulada matem&aacute;ticamente, en la cual el peso, la energ&iacute;a del motor, la inercia incluso de los objetos hab&iacute;an sido tenidos en cuenta. El caso es que al empezar una partida, aceler&eacute; el coche a fondo y gir&eacute; hacia la izquierda, y tras la cuenta atr&aacute;s el coche sali&oacute; disparado llev&aacute;ndose por delante todo lo que encontraba a su paso, como otros coches y diferentes objetos simulados que hab&iacute;a esparcidos por la ficticia ciudad. En varias ocasiones el coche volcaba y se quedaba milagrosamente en pie para continuar su loco viaje, o pasaba rozando el lateral de un cami&oacute;n que ven&iacute;a en sentido contrario, y tras unos minutos, se qued&oacute; por fin siniestrado y sin posibilidad de seguir, digamos, en equilibrio. Volv&iacute; a empezar la partida con el mismo m&eacute;todo, he de decir que en ese videojuego, el coche aparec&iacute;a exactamente en el mismo sitio cada vez, as&iacute; como todos los dem&aacute;s coches de la ciudad, es decir, part&iacute;amos de un sistema exactamente igual al anterior, y lo que era de esperar ocurri&oacute;: el coche choc&oacute; exactamente con los mismos objetivos y pas&oacute; exactamente por los mismos sitios que en la partida anterior hasta terminar exactamente en el mismo lugar. En la naturaleza no podemos "volver a un estado id&eacute;ntico del sistema" y por tanto es imposible que se repita el mismo fen&oacute;meno dos veces, pues el universo est&aacute; en cont&iacute;nuo movimiento y cada variaci&oacute;n de cada part&iacute;cula est&aacute; ligada a la variaci&oacute;n de todas las dem&aacute;s, pero si esto ocurriera, volver&iacute;a a pasar exactamente lo mismo. Los personajes hist&oacute;ricos tomar&iacute;an las mismas decisiones en el mismo momento pues sus vidas, y todos las circunstancias y sucesos de la misma, ser&iacute;an id&eacute;nticos... digamos, estar&iacute;an regidos por las mismas leyes f&iacute;sicas. Por tanto, la realidad universal es as&iacute; porque no puede ser de otro modo. Mi vida, el momento en que nac&iacute; y todo lo que me ha ocurrido y lo que me ocurrir&aacute; estaba predefinido por las part&iacute;culas elementales que se menean de ese modo y no de otro desde el Big Bang y antes, y despu&eacute;s, y para siempre. Mis decisiones, &eacute;sta o aqu&eacute;lla, ser&aacute;n por fuerza las que la f&iacute;sica quiera que sean. Mis ideas no son m&aacute;s que pulsos el&eacute;ctricos de mis neuronas, que ocurren de ese modo y no de otro porque mi pasado, y el de todo el universo ha sido una reacci&oacute;n de esas part&iacute;culas elementales, de esa energ&iacute;a al fin y al cabo. El hecho de que est&eacute;s leyendo esto no es casual (s&iacute; lo es desde nuestra perspectiva humana, limitada y que deja tanto al azar, a la casualidad que no podemos intuir, comprender y mucho menos preveer), podemos llamarlo destino o como queramos. Podemos llamarlo gallifante o splauzik, pues al fin y al cabo ni siquiera nuestro mundo, el mundo que hay en nuestra mente, es nuestro, sino de nuestros &aacute;tomos, pues todo son &aacute;tomos y energ&iacute;a, y reaccionan entre ellos de la &uacute;nica forma posible. Todos nuestros conceptos son producto de esas reacciones neuronales, que han ido evolucionando en busca de un equilibrio qu&iacute;mico, y que nos son &uacute;tiles para sobrevivir. Nuestro modelo gen&eacute;tico es m&aacute;s "&uacute;til" para la supervivencia de nuestra especie, que el modelo gen&eacute;tico del lince ib&eacute;rico, o tal vez no, tal vez el futuro nos mostrar&aacute; el invierno nuclear y con &eacute;l la certeza de que la naturaleza, el universo, es mucho m&aacute;s poderoso que cualquiera de nuestros sue&ntilde;os, de nuestras imaginaciones, de las ca&oacute;ticas pulsaciones el&eacute;ctricas de nuestras neuronas.</p><p>&nbsp;&nbsp; Y este relato de ficci&oacute;n es un peque&ntilde;o trozo m&aacute;s de tu sue&ntilde;o, y del m&iacute;o. Sue&ntilde;os diferentes. Inexistentes.</p>]]></description><pubDate>Fri, 19 May 2006 05:51:00 +0000</pubDate></item><item><title>La deformaci&#xF3;n de la vida</title><link>https://odiseas.blogia.com/2006/041501-la-deformacion-de-la-vida.php</link><guid isPermaLink="true">https://odiseas.blogia.com/2006/041501-la-deformacion-de-la-vida.php</guid><description><![CDATA[<div class="postext">Siempre hay un amigo, ese cuyas historias todos conocemos por el margen de exageraci&oacute;n latente en ellas, que precisamente piensa que nuestras historias sorprendentes son una exageraci&oacute;n. Es curioso como poco a poco vamos descubriendo en todo el mundo esa capacidad, no de ornamento sino de deformaci&oacute;n de la vida, hasta el punto de no ser conscientes al comienzo de una historia si nosotros estuvimos realmente presentes cuando ocurri&oacute;, y en ocasiones es as&iacute;. Cuando ese amigo cuenta su visi&oacute;n deformada y pervertida de unos hechos que comparti&oacute; con nosotros, inmediatamente llegamos a la conclusi&oacute;n ineludible de que aquellas historias en las que nosotros no formamos parte estar&aacute;n al menos igual de exageradas, es probable incluso que, aquellas aventuras en las que no hab&iacute;a nadie m&aacute;s que &eacute;l, el protagonista, sean directamente mentira. Pero lo que es m&aacute;s curioso es cuando nosotros mismos caemos en el mismo h&aacute;bito, l&iacute;cito al menos cuando nuestro interlocutor es uno de los deformadores (quien roba a un ladr&oacute;n...), pero siendo conscientes de que estamos pisando la l&iacute;nea de la fantas&iacute;a. Y rodeados de o&iacute;dos &aacute;vidos de lo extraordinario, todos nos vamos convirtiendo en deformadores de la vida.<br /><br />Es inevitable. Las historias van creciendo y deform&aacute;ndose ellas mismas a causa de la memoria, pues la primera vez que la contamos, estamos reviviendo un recuerdo, y posteriormente revivimos recuerdos de recuerdos. Los primeros recuerdos que tenemos de la vida no son m&aacute;s que recuerdos de recuerdos, que siguen ah&iacute; gracias a un ejercicio medianamente regular de la memoria sobre el acontecimiento en cuesti&oacute;n. Otras veces creemos recordar situaciones o hechos que jam&aacute;s fueron nuestros, sino por la boca de nuestros padres: "&iquest;recuerdas cuando te quedaste enganchado en un alambre con dos a&ntilde;os? - Desde luego, conozco la historia de memoria". Pero no era yo, sino el personaje que hac&iacute;a de m&iacute; en la historia de mis padres, y que con los a&ntilde;os fui identificando en m&iacute; mismo. De hecho, me pas&oacute; ciertamente. Al menos seg&uacute;n mis padres.<br /><br />Siempre he intentado contar los hechos tal como los recuerdo, evitando opiniones y puntos de vista personales, subjetivos y/o sensacionalistas, pero el resultado es m&aacute;s o menos el mismo. Mis historias son del tipo: "Cogimos un coche, lo llevamos al monte, lo hicimos saltar por una rampa y el motor se sali&oacute; del sitio". Historia que queda eclipsada por la siguiente del tipo: "Y el t&iacute;o del banco se qued&oacute; completamente alucinado y por su cara pasaron expresiones de autodestrucci&oacute;n, caos y apocalipsis". Entonces uno ha de elegir si contar rollos que no le importan a nadie o contar mentiras. Si pronunciar combinaciones de palabras que se salen de lo habitual u odiseas cuyo simple tono euf&oacute;rico capta la atenci&oacute;n de las mentes &aacute;vidas de sue&ntilde;os.<br /><br />La vida se va deformando m&aacute;s y m&aacute;s, y las cosas realmente importantes empiezan a ser descuidadas en un ambiente en el que las necesidades fisiol&oacute;gicas est&aacute;n m&aacute;s que cubiertas. No tenemos miedo de que se nos termine el aire, la comida o un refugio. Son cosas que siempre han estado ahi y damos por sentado que seguir&aacute;n ahi. Sin embargo nos preocupamos por los macro-conceptos. Conceptos que son formados por otros muchos conceptos, y que se van ramificando una y otra vez hasta llegar a conceptos unidad, concisos e inteligibles: ligar, dinero, empleo, huelga, oferta, felicidad... &iquest;qu&eacute; demonios significa todo eso que nos ocupa nuestra actividad neuronal d&iacute;a a d&iacute;a? Son macro-conceptos inventados y aceptados convencionalmente para poder gestionar de forma sencilla la enorme mole de suced&aacute;neos y elementos creados para nuestra comodidad, en una vida vac&iacute;a de supervivencia. Y de eso est&aacute; fabricada nuestra vida: de mentiras. Pero pagamos por nuestras comodidades con locura, depresi&oacute;n, stress, violencia, sobredosis de narc&oacute;ticos y suicidios, o lo que es peor, ser conscientes de lo mediocre que es nuestra existencia y de c&oacute;mo a trav&eacute;s de una publicidad enga&ntilde;osa la vamos deformando para que encaje en un mundo creado con esas propias mentiras. Al fin y al cabo, todo es publicidad de piel para afuera.<br /><br />Lo que podemos conocer de los dem&aacute;s, es su publicidad. Los contenidos de los medios de comunicaci&oacute;n, cargados de publicidad siempre han sido "cosas que poner entre anuncios" y no al rev&eacute;s. La televisi&oacute;n, internet, peri&oacute;dicos y revistas, carteles de mujeres florero en ropa interior anunci&aacute;ndonos un verano caluroso. Nuestro dentista asegurando que los coches japoneses son los mejores. Nuestra abuela, para la que siempre estaremos demasiado delgados, y todo un trasfondo de una publicidad creada con mentiras que reeduca continuamente a las nuevas generaciones. Nuestras necesidades biol&oacute;gicas: respirar, alimentarnos, refugio, vida sexual... y esta &uacute;ltima como baluarte del publicista, pues las dem&aacute;s est&aacute;n siempre cubiertas y no amenazan nuestra supervivencia. El juego del deseo, curiosa mujer, el deseo, que nunca podremos poseer, pues en caso contrario se convierte en satisfacci&oacute;n o en frustraci&oacute;n, pero lo pose&iacute;do no puede ser deseado al mismo tiempo. Pol&iacute;ticos anunci&aacute;ndose, empresarios anunci&aacute;ndose, vecinas anunci&aacute;ndose, nosotros anunci&aacute;ndonos. Anuncios anunci&aacute;ndose... y el resultado es matrimonios denunci&aacute;ndose, pol&iacute;ticos acus&aacute;ndose, empresarios acos&aacute;ndote, vecinas desnud&aacute;ndose y mentes desquici&aacute;ndose.<br /><br />Acept&eacute;moslo, por encima de nuestros derechos est&aacute;n los jueces, los pol&iacute;ticos y todos aqu&eacute;llos que manipulan esos derechos. Por encima de ellos est&aacute; el dinero. Por encima de &eacute;l est&aacute; el deseo (ya sea de justicia, de dinero, de vida sexual o, en casos de sociedades muy diferentes, de aire, comida, agua o refugio). Y el deseo o la aversi&oacute;n se manipula con una buena publicidad, ya sea favorable o no. <br /><br />Las naciones caer&aacute;n por art&iacute;culos de prensa, noticieros, o cualquier otra forma de publicidad masiva que act&uacute;e directamente sobre "la opini&oacute;n p&uacute;blica". Ya no gritamos "bruja", o "rojo", pero s&iacute; "facha" o "puta". Y mientras estamos distra&iacute;dos nos roban los mismos que nos mantienen en una situaci&oacute;n de "supervivencia c&oacute;moda". A nadie le preocupan los rojos, los fachas, las brujas ni las putas, mientras no mancillen nuestros deseos, nuestra realidad inventada, nuestra vida deformada. Y esa vida ya no es nuestra, pues nuestros valores culturales cuelgan de las fachadas de los edificios, de los buzones de correos, de los televisores, transistores, computadoras, paradas y laterales de autobuses, metros, revistas y briks de l&aacute;cteos con un 20% de leche. Des&eacute;alo, cons&iacute;guelo y hazlo tuyo. Y una vez tuyo cambia de objetivo. As&iacute; hasta que te mueras. Todo lo que crees que es importante, lo es en la medida en que te es presentado, anunciado, educado. Tus ideas no son tuyas ya, sino de tus padres, de tus profesores, de tus amigos y enemigos, y de toda esa basura que cuelga de todas partes. Esa es la medida de tu realidad, y de la m&iacute;a. La medida de tu sacrificio y la de tu recompensa.<br /><br />Pero es posible que as&iacute; es como me lo hayan vendido.</div>]]></description><pubDate>Sat, 15 Apr 2006 20:29:00 +0000</pubDate></item></channel></rss>
